Primer trabajo de Heracles
Inducere
Sol
Lucha de Gigantes
24 Gigantes, mostruos melenudos con colas de serpientes en vez de piernas, engendrados por Madre Tierra, deciden vengar a los Titanes, vencidos anteriormente en manos de Zeus y los dioses del Olimpo. Para ello, trepan las montañas y lanzan piedras y teas contra el cielo. Según Hera, la única manera de vencer a los Titanes es acudiendo al mortal con piel de león, o sea Heracles, y usando la hierba de la invulnerabilidad. Entonces Atenea convoca a Heracles y de buscar la hierba se encarga Zeus quien para no ser visto pide a Eros, Selene y Helio no alumbrar.
La caida de los Gigantes de Jacob Jordaens [itd. Museo del Prado]
Detalle de El Olimpo: batalla con los Gigantes de Francisco Bayeu y Subías [itd. Museo del Prado]
Júpiter y los gigantes [itd. Museo Nacional del Prado (1)]
Lucha de gigantes de Nacha Pop en la película Amores Perros (2) de Alejandro González Iñárritu.
____________ (1) Según Greek Mythology Link. (2) Gael García, en el papel de Octavio, encargando una golpiza ("... que me alivianes con un favorsote") contra su hermano.
Renacido
Dionysus Spitting the Complete Image of Cadaquís
de Salvador Dalí [itd. Salvador Dali Museum]
Lomos suyos
Semana planetaria
| Potencias | Griegos | Latinos | |
| D | Iluminación | Helio | Sol |
| L | Encantamiento | Selene | Luna |
| M | Crecimiento | Ares | Marte |
| M | Sabiduría | Hermes (o Apolo) | Mercurio |
| J | Ley | Zeus | Júpiter |
| V | Amor | Afrodita | Venus |
| S | Paz | Crono | Saturno |
Mujer luna
| Nueva | Llena | Menguante | |
| Primavera | Verano | Invierno | |
| Aire | Tierra o mar | Debajo de la tierra | |
| Selene | Afrodita | Hécate | |
| Doncella | Ninfa o núbil | Vieja |
The Moon Woman de Jackson Pollock [itd. Guggenheim, New York]
Los favores de la luna.
La luna que es el mismo capricho, miró por la ventana mientras estabas durmiendo en tu cuna y pensó: "Aquella niña me gusta". Y bajó ligera su escalera de nubes y pasó sin hacer ruido a través de los cristales. Luego se tendió sobre ti con el delicado cariño de una madre, y depositó su colorido en tu rostro. Por ello las niñas de tus ojos han quedado verdes, y tus mejillas extraordinariamente pálidas. Fue al contemplar este visitante cuando tus ojos se agrandaron tanto; y te cogió tan afectuosamente del cuello que, para siempre, te quedaron ganas de echar a llorar. Sin embargo, en la expansión de tu alegría, la luna llenaba toda la habitación como un ambiente fosfórico, como un veneno luminoso; y toda aquella luz viva pensaba y decía: "Sufrirás eternamente la influencia de mi beso. Serás hermosa a mi manera. Querrás cuanto quierro y cuanto me quiere: el agua, las nubes, el silencio y la noche; el mar verde e inmenso; el agua informe multiforme; el lugar donde no estés; el amante a quien no conocerás; las flores monstruosas; los perfumes que hacen delirar; los gatos que se pasman encima de los pianos y que gimen como mujeres, con voz ronca y dulce. Y te querrán mis amantes, te cortejarán mis cortesanos. Serás la reina de los hombres de ojos verdes de quien también apreté el cuello con mis caricias nocturas; de aquellos que quieren el mar, el mar inmenso, tumultoso y verde, el agua informe multiforme, el lugar donde no están, a la mujer a la que no conocen, las flores siniestras que parecen los incensarios de una religión desconocida, los perfumes que perturban la voluntad, y los animales salvajes y voluptuosos que simbolizan su locura". Por esa razón, querida niña maldita y mimada, ahora estoy tendido a tus pies, buscando en toda tu persona el reflejo de la temible divinidad, de la madrina fatídica, de la envenenadora nodriza de todos los lunáticos.
Pequeños poemas en prosa de Charles Baudelaire (Icaria Editorial, 1975)
Tristezas de la luna
Esta noche la luna sueña con más pereza, Cual si fuera una bella hundida entre cojines Que acaricia con mano discreta y ligerísima, Antes de adormecerse, el contorno del seno.
Sobre el dorso de seda de deslizantes nubes, Moribunda, se entrega a prolongados éxtasis, Y pasea su mirada sobre visiones blancas, Que ascienden al azul igual que floraciones.
Cuando sobre este globo, con languidez ociosa, Ella deja rodar una furtiva lágrima, Un piadoso poeta, enemigo del sueño,
De su mano en el hueco, coge la fría gota como un fragmento de ópalo de irisados reflejos. Y la guarda en su pecho, lejos del sol voraz.
Las flores de mal de Charles Baudelaire (Alianza Editorial, 2003)






